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lunes, 31 de agosto de 2015

LA ENFERMEDAD DEL EGO EN ESTA SOCIEDAD 9º

Aunque he adoptado varias medidas para acabar con esos deseos egoístas, ellos me siguen asaltándome, condenándome conduciéndome fácilmente al extravió, como un vendaval arrastra a un montón de paja sin el menor esfuerzo. Por mas que intento cultivar el desapego, junto a las demás buenas cualidades, los deseos abordan mis intenciones, como cuando una rata roe con facilidad la cuerda mas gruesa y mas tejida. Yo atado siempre a la rueda del deseo, giro sin cesar en el empeño de capturar solo aquello que me puede hacer sufrir. Aunque tengamos alas para volar somos como esos pájaros entupidos de eludir la red del deseo e incapaces de refugiarnos en el auto-conocimiento.

Aunque bebiese néctar no podría calamar la sed de deseo, ya que la caracteriza del deseo no tiene dirección única o determinada, es como si ahora me condujese en una dirección, después al contrario, es igual como un aballo desbocado. Despliega ante nosotros una compleja trama de hijos, hermanos, esposas, numerosos amigos y familiares, como si se tratase de una caja de ilusiones. Aunque sea un héroe luego esos deseos me convertirán en un cobarde, aunque tenga ojos para ver, me convierto en ciego, aunque tenga motivos para estar contento, me hacen miserable, vivo como un niño atemorizado por el ruido mas sutil.

Este temeroso duende del deseo, es el responsable de la esclavitud y de los infortunios humanos, que anuda en el corazón de todo ser humano, haciendo nacer de el la duda y el resentimiento. En poder de este duende perverso y estando bajo sus garras, el ser es incapaz de poder disfrutar de aquellos objetos que estén a su alcance, si bien parece que esos objetos pueden brindarle un deleite, jamás conducen al disfrute y a la felicidad de esta vida, muy al contrario solo provocan un esfuerzo estéril, conduciéndoles así a una suerte de afecciones y desgracias. 

Cuando aparece en el escenario de la vida este trágico deseo, como cuando las viejas actrices, es incapaz de realizar nada noble o afortunado y sus vidas terminan siempre en fracasos, pero ¡A pesar de ello el duende no deja de bailar sobre este trágico escenario! 

Tan pronto nos elevara al cielo, como nos sepulta e los abismos mas profundo de la tierra, porque nunca se cansara, ni dejara de agitarse, porque se apoya en el vació de la mente. La luz de la sabiduría brilla por unos instantes en la mente para volver a caer al momento en ls brazos de la ilusión: Casi me parece increíble que los sabios puedan cortar la terrible soga del deseo con la afilada espada del conocimiento.

"La identidad del ego y de la mente"
(Yoga Vasishtha)

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